Roberto Obregón. Poeta guatemalteco. Nació el 13 de noviembre de 1940, en San Antonio Suchitepéquez, Mazatenango. Estudió Derecho en la Universidad de San Carlos de Guatemala, y publicó sus primeros poemas, intitulados 'Los versos del alfarero'. En 1961, obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Patricio Lumumba, de Moscú, en donde siguió cursos de filosofía; de esa etapa, logró un doctorado en 1967. Viajó por varios países de Europa, y en 1968 regresó a Guatemala. Un año después, publicó "El fuego perdido". En enero de 1970, el grupo "Nuevo Signo" que integraba, había logrado publicar un libro en conjunto. El 28 de marzo de 1970, Roberto Obregón viajó a San Salvador, invitado por el grupo poético de ese país "Piedra y Siglo" para dictar algunas conferencias. Desde entonces, Roberto Obregón jamás apareció, mientras gobernaba su patria, el ultraderechista general Manuel Arana Osorio augurando así las masacres de su período.
Poema La Canción Perdida de Roberto Obregón
A Olga Kómonova
Aprehender, sí. Primero asimilando
los matices y contornos ocultos.
Lo húmedo, lo tibio, y sin soy afortunado
el rumor de tu sangre abriendo zanja en la vida.
Loco de mí. Inocente. Como si teniéndote
sería yo el señor de tus trigales
y tus bosques de abedul copados de nieve.
Como si estrujando en mis manos
un ramo de espesa malaquita,
o segando una espiga de ámbar
y el aliento de la estepa en el vino,
desvelara tus rosadas yemas impresas en mi piel
y disolviera tu trayecto en mis pasos.
Pobre de mí. Y qué formas más antiguas
de tenderte una celada a las ciegas
y remotas fuerzas de la tierra.
Qué manera más primaria de cazar las cosas.
Loco. Grabo tu adjetivo y tu risa,
tus piernas en la lluvia
y la comisura de tus labios tristes.
Desentraño con presteza tu imagen
y en seguida, como lo hacían mis abuelos
en las grutas cuajadas de estalactita
(allá en Cobán), bailo sobre un solo pie
ante los primerísimos jaguares
que se introdujeron en el arte,
ante los tecolotes y las monos y las culebras
para siempre inmovilizadas en la piedra.
Loco de mí -me parece discurrir
antes de la gran claridad,
y creo haber penetrado lo oscuro.
Solamente porque he logrado dos, tres líneas
y haber recogido tu levadura en mi palabra,
por haber capturado a todo un pueblo
introduciendo mi mano en ti.
Nada más por haber agarrado tu carne
el pulso herido de la tierra.
Desgraciado de mí: construí un calabozo
para enlazarte.
Y en él me he quedado encerrado
y gritando por salir de tu pecho.
