domingo, 21 de marzo de 2010

CANTO A LA VERGÜENZA DE MI PATRIA, por Héctor Cediel

CANTO A LA VERGÜENZA DE MI PATRIA

Por Héctor Cediel (Bogotá-Colombia) 2009


El destino absurdo de los veranos de nuestros paisajes, es: ¡cabalgar! Vivimos andando sin aprender a desnudarnos, sobre el rocío del césped. Sería hermoso que las almas desnudas fuesen idénticas, sin lucir agotadas.
Reímos pero sólo inspiramos lástima, cuando nos ven marchitos y sin ideas. No sé cómo elegir palabras para qué se comprendan, los secretos de los versos.
El sentido de mis metáforas son más palabras sonoras, sueltas al azar. Disfrute del crepúsculo bohemio o de algunos castillos que no inclinan aún su cabeza. Me fastidia que la historia calle sin vergüenza, con ironía muerta.
Es extraña la luz de los corazones que cantan, cual doncellas empolvadas. ¿Será que debemos ser jóvenes para cabalgar, cuál infieles hacia la lujuria? ¿Por qué tiene que ser triste la soberbia de los enamorados, de las prostitutas? ¿Por qué la ostia de las mujeres desconocidas, generan oleadas de felicidad? ¿Será que los caminantes de la alegría, podemos comulgar con ardor púrpura? ¿Vibrarán las trompetas como los cascos estallantes, del tropel de demonios? ¿Se despertarán las conciencias cuando interpreten, a los papeluchos?
Para alcanzar la libertad hay que cabalgar ¡cabalgar hasta alcanzar, la liberación! ¡Cabalgar como abanderados de los sueños, de las pieles enamoradas! ¡Cabalgar como el perfume linternero y seductor de los polvos de ellas! Dejemos que la luna desgarre nuestros sueños y galopemos cuál cometas.
¡Leedme!... Si queréis perder la razón y ligarse al pecado ¡leedme! El mensaje resplandecerá como un canto resucitado de la Polimnia electrónica. Cual pavor de los gritos suplicándole piedad, a la vida genocida.
Murieron más campesinos, de los que debieron haber muerto ¡murieron todos! Ya no se escuchan risas de niños, mugir al ganado, relinchar a las bestias, cantar a los gallos. La muerte y la desolación cuál lesbianas, habitan las ruinas del abandono. La guerra no ha dado tregua entintando ríos, montañas y campos con sangre.
No sé si son soldados o muertos, los que gritan: ¡Presente! ¡Presente! ¡Presente! Ese canto se escucha como la risa de la ironía, de la oscuridad que se derrama por el tiempo. La justicia social es inaccesible para los de abajo ¡sorpresa sería recibirla! El frescor sonríe cuando recibe algo de muy poco o nada del demasiado, que usurpa la garra del cuervo muerto. ¿Será disidencia baldonar al Dios, que no da nada a cambio de las oraciones?
Me siento desnudo como un tornado, al borde del precipicio suicida. ¿Será que el silencio de la ruina, ilumina a los ciegos que imaginan una bandera? ¿Quién le robó los sueños a los ideales que gimen y trinan, por una oportunidad?
No bramemos cual degollados ¡Galopemos cuál sables, contra los verdaderos asesinos!